La discriminación laboral sigue siendo una realidad cotidiana en México, afectando el acceso, permanencia y crecimiento en el empleo.
De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, al menos 2 de cada 10 personas han experimentado algún tipo de discriminación en el trabajo o al buscar empleo.
Este fenómeno ocurre cuando una persona es tratada de manera desigual por motivos como edad, sexo, apariencia, origen étnico, orientación o condición social.
Las mujeres, adultos mayores y jóvenes sin experiencia figuran entre los grupos más vulnerables.
También lo enfrentan personas con discapacidad o quienes pertenecen a comunidades indígenas.
Datos del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación revelan que prácticas como pedir pruebas de embarazo, limitar vacantes por edad o exigir “buena apariencia” siguen presentes en procesos de contratación.
Señales de alerta incluyen rechazo sin justificación clara, diferencias salariales injustificadas, acoso laboral o falta de oportunidades de ascenso.
Aunque la ley prohíbe estas prácticas, muchas veces no se denuncian por desconocimiento o miedo a represalias, lo que perpetúa el problema.