La presidenta Claudia Sheinbaum inauguró recientemente la primera fase de remodelación del Aeropuerto Internacional Benito Juárez de la Ciudad de México. Sin embargo, este gasto de $6,500 millones de pesos no guarda proporción alguna con mejorar la eficiencia operativa del aeropuerto, debido a que las renovaciones son ornamentales.
Mientras, el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, con poca actividad, no parece que será utilizado para desplazarse a la capital de nuestro país. Gastamos sin invertir. Todo esto en un contexto de tardías reparaciones en la mencionada ciudad, incluyendo al Estadio Azteca que no estará totalmente listo – Banorte o Ciudad de México no están en el vocabulario del aficionado al balompié de 1986 – y, por tanto, desperdiciando una oportunidad para invertir en políticas públicas de vialidad, seguridad y transporte público.
La euforia mundialista de 1986 se da con los precios accesibles. La depresión mundialista de 2026 se percibe en los exorbitantes costos de los boletos. El fútbol es política y está en pocas manos.
México atravesaba la crisis económica provocada por la ineptitud de López Portillo cuatro años atrás y la tragedia del terremoto un año antes. 2026. México atraviesa la crisis de la seguridad pública y del Estado de Derecho, sin importar colores partidistas. El fútbol… una distracción, sino pregúntenles a los maestros de la CNTE en Paseo de Reforma que boicotearon las capacitaciones de la FIFA y derribaron las figuras mundialistas.
*Profesor de la Escuela de Ciencias Sociales y Gobierno del Tecnológico de Monterrey, Campus Querétaro. Cuenta de X: @acevedo_humbert