En la ciudad de San Juan del Río se venera una bella imagen de la Madre Santísima de la Luz, ubicada en el actual Santuario Diocesano de Nuestra Señora de Guadalupe. Se trata de un óleo que se encuentra a la entrada del templo, en la parte inferior del coro alto. A pesar de su notable belleza, suele pasar desapercibido para muchos visitantes; sin embargo, al detenerse a contemplarlo, es posible apreciar la riqueza de su colorido y la delicadeza de su ejecución.
Desde hace muchos años circula en torno a esta imagen una antigua leyenda, hoy poco conocida. Por ello, resulta oportuno rescatarla, tal como la refiere el historiador queretano Valentín F. Frías en su obra dedicada a las leyendas y tradiciones del estado.
La historia se remonta a la mañana del 20 de marzo de 1915, cuando los vecinos de San Juan del Río se preguntaban con insistencia: “¿Qué se hizo?”. Años después, la interrogante persistía sin respuesta, alimentando la curiosidad y la incertidumbre colectiva.
Desde tiempo inmemorial, en el templo parroquial —hoy Santuario Diocesano— existía, al entrar a mano derecha en el primer altar, una antigua pintura de Nuestra Señora de la Luz. Como es característico en estas representaciones, la Virgen sostiene con la mano derecha a una joven que simboliza un alma, elevándola en el espacio. A los pies de la figura solía aparecer un dragón con el hocico abierto, en actitud de devorar dicha alma, mientras la Virgen la protegía para impedirlo.
Entre las devotas de esta imagen destacaban las señoritas de apellido Basurto, especialmente Josefina, quien acudía diariamente al templo y procuraba rendir un homenaje particular a la Virgen de la Luz. Sin embargo, con la llegada de la Revolución y la inminente amenaza de profanación del recinto por las tropas carrancistas, algunas personas piadosas decidieron resguardar las imágenes más veneradas. Los cuadros fueron trasladados a la sacristía, entre ellos el óleo en cuestión.
Pasado el peligro y reabiertos los templos al culto público, las señoritas Basurto se empeñaron en devolver la imagen a su lugar original. Al acudir a la sacristía para limpiarla y prepararla, se llevaron una inesperada sorpresa: el dragón que formaba parte de la pintura había desaparecido por completo.
La noticia se difundió rápidamente. Los fieles, al contemplar la imagen sin aquel elemento, se preguntaban con asombro: “¿Qué se hizo?, ¿qué pasó?, ¿cómo ocurrió?”. Nadie ha podido responder con certeza. Incluso quien relata el suceso asegura haber visto antes la pintura con todos sus elementos, incluido el dragón, y después observarla sin rastro alguno de este, sin que se perciba alteración en la obra.
Esta singular leyenda forma parte del patrimonio cultural de San Juan del Río. Aún hoy, algunas personas mayores afirman haber visto el dragón en la imagen, lo que mantiene viva la incógnita. Así, la pregunta continúa resonando a través del tiempo: ¿qué se hizo?