Juliana Hernández/ Con Contundencia y claridad: Yo con Maru
En mi México se viven muchas tragedias: la de la pobreza en un país que lo tiene todo; la de los migrantes que dejan sus hogares para buscar un mejor futuro; la de un sistema de salud sin cobertura, sin calidad y sin medicinas; entre muchas otras. Pero, sin duda, la tragedia que más ha dolido en los últimos años es la de la inseguridad: la de los desaparecidos, la de las masacres, la del crimen organizado infiltrándose por todos lados.
Y aunado a ello está el régimen, el oficialismo dictando narrativas de división y sembrando odio entre los propios mexicanos con un discurso que, a simple vista, puede parecer sensato, lógico e incluso justo: aquel que pida ayuda, que colabore con Masiosare, el extranjero enemigo, es un traidor a la patria. Es un malinchista que debe ser señalado y juzgado. ¡No, señores!
Porque hoy todo México sabe que la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, está siendo víctima de una persecución política por haber enfrentado al crimen organizado y por haber colaborado con agencias extranjeras en el combate a los grupos criminales que operan en su estado. Mientras unos se escandalizan por la cooperación internacional, parecen olvidar que los verdaderos enemigos no son quienes ayudan a combatir a los criminales, sino quienes los protegen, quienes se coluden o les permiten crecer.
Es deber de conciencia de todo hombre y de toda mujer de bien levantar la voz y decir con claridad quién es el verdadero enemigo: quien envenena jóvenes con drogas; quien asesina niños; quien extorsiona familias trabajadoras; quien trafica con seres humanos; quien siembra el miedo y destruye y desplaza comunidades enteras.
No caigamos en el juego perverso de quienes defienden a los criminales y señalan a la sociedad civil como conservadora, neoliberal o enemiga de la transformación cada vez que sale a las calles a exigir paz y justicia. Porque no olvidemos que en enero de 2025 miles de sinaloenses salieron a las calles con una consigna sencilla pero desgarradora: “Con los niños no”. Lo hicieron después de que Gael y Alexander fueran asesinados en medio de la violencia que azota a Sinaloa. No salieron a defender ideologías. No salieron a defender partidos. Salieron a defender la vida.
Por ello: claro que estoy con Maru! Porque estar con Maru no es otra cosa que estar del lado del Estado de Derecho. Estar con Maru es comprometerse con la idea de que el gobierno existe para poner orden y hacer valer la ley; para proteger a los niños de las balas perdidas; a los jóvenes de los campos de reclutamiento, tortura y exterminio; para castigar y perseguir a quienes extorsionan familias y desplazan comunidades. Estar con Maru es declarar que la soberanía es del Estado, no de los criminales.