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Esta es la historia de la ‘Tumba del Desgraciado’ en San Juan del Río

Esta es la historia de la ‘Tumba del Desgraciado’ en San Juan del Río
Esta es la historia de la ‘Tumba del Desgraciado’ en el municipio de San Juan del Río. / Jena Guzmán
¿Has oído de la "Tumba del Desgraciado"? Esta es la historia sobre la famosa tumba en el municipio de San Juan del Río
Jair Lara
|
2 de noviembre 2025

Una de las historias más escuchadas en el municipio de San Juan del Río, especialmente en Día de Muertos, es «la Tumba del Desgraciado«, una de las más antiguas ubicada en el Panteón 1, y que permanece en abandono.

Al ingresar al camposanto, hay una lápida que despierta la curiosidad de generaciones, a diferencia de las demás, debido a que su epitafio no lleva palabras solemnes, sino una frase que intriga y desconcierta: “Aquí yacen las cenizas del desgraciado Fernando Cárdenas”.

A primera vista, cualquiera pensaría que se trata de una broma o una leyenda urbana, pero el cronista municipal, Ubaldo Sáenz, aclara con precisión: “Fíjate que lo importante aquí es decirte que no es una leyenda, fue un caso verdadero”.

El calificativo de “desgraciado”, explica el cronista, no fue un insulto, como se entendería hoy, sino una descripción literal: “murió sin gracia”, sin haber recibido los sacramentos finales. 

La «Tumba del Desgraciado» en San Juan del Río

Esta es la historia de la ‘Tumba del Desgraciado’ en San Juan del Río
“Aquí yacen las cenizas del desgraciado Fernando Cárdenas”, reza el epitafio. / Jena Guzmán

“En el estricto sentido, desgraciado significa no tener gracia o no haber sido agraciado; en este caso, se refiere a que falleció sin la gracia religiosa, sin confesión ni última unción”.

Según el testimonio que generaciones después compartieron los descendientes del propio Fernando Cárdenas, el hombre perdió la vida el 8 de julio de 1848, víctima de un crimen pasional.

“Ellos contaron que fue asesinado por la espalda por un lío de faldas. Tenía una relación con una mujer casada y el esposo, al enterarse, fue y lo cazó”, narra el cronista.

Cárdenas solía transitar a caballo entre la zona centro y las inmediaciones de La Estancia, donde fue alcanzado y asesinado. Sus familiares, originarios de San Juan del Río, emigraron años después a Mérida, Yucatán, y solo unas pocas generaciones recientes regresaron para conocer el sitio donde descansan sus restos.

El epitafio habla de “cenizas”, lo que sugiere que sus restos fueron trasladados tiempo después, y explica que es posible que primero haya sido enterrado en una iglesia, antes de las Leyes de Reforma, y más tarde sus restos fueron exhumados y depositados en el Panteón de la Soledad, uno de los más antiguos del país, fundado en 1845.

Hoy, la tumba de Fernando Cárdenas permanece en el ala izquierda del cementerio, casi al fondo, junto al muro que da hacia la ribera del río San Juan. Su construcción, de cantera y estilo del siglo XIX, está catalogada como monumento histórico por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

“Es una de las más bonitas arquitectónicamente, pero está semienterrada. El suelo es inestable por la humedad del río y el peso de la piedra ha hecho que se hunda poco a poco”.

A pesar de su deterioro y abandono, la “Tumba del Desgraciado” conserva una cierta solemnidad que impone respeto, nadie la visita ya, salvo curiosos que buscan comprobar si en verdad dice “el desgraciado”, pero más allá de la anécdota, se trata de un fragmento vivo de la historia local, una ventana a las costumbres, los prejuicios y la religiosidad del México decimonónico.

Con información de Jena Guzmán

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