La Secretaría de Educación Pública (SEP) decidió, de acuerdo con el Consejo Nacional de Autoridades Educativas, adelantar el cierre del ciclo escolar 2025-2026 al 5 de junio. La razón oficial: la ola de calor extrema y la organización de la Copa Mundial de la FIFA 2026 en México. La medida recorta casi 40 días de clases (unas 27 sesiones efectivas) y alarga las vacaciones hasta el 31 de agosto.
LO BUENO
Proteger a millones de niños de temperaturas que superan los 40 °C en varias regiones del país podría ser una medida sensata y humanitaria. Nadie quiere que un alumno termine en urgencias por golpe de calor. Además, el adelanto permite que las familias mexicanas puedan disfrutar del Mundial sin el estrés de combinar escuela, trabajo y partidos. Para un país que albergará el torneo en tres sedes (CDMX, Guadalajara y Monterrey), el ajuste logístico es práctico: menos tráfico escolar, menos presión sobre el transporte público y un ambiente festivo que, por una vez, une a la nación más allá de las divisiones políticas. El propio Mario Delgado lo presentó como un “acuerdo unánime”. En ese sentido, la SEP escuchó a gobernadores, maestros y familias.
LO MALO
El recorte no es menor, equivale al 15 % del ciclo escolar. Después de años de rezago post-pandemia, México no está en condiciones de regalar semanas de aprendizaje. Los padres de familia ya advierten el caos logístico: ¿quién cuida a los niños mientras los adultos trabajan? La Unión Nacional de Padres de Familia y la CNTE ya anunciaron acciones legales y rechazo frontal. Algunos estados (Jalisco, Guanajuato) se han negado a aplicar la fecha federal y mantendrán clases hasta finales de junio o julio. La fractura entre federación y entidades revela que la “unanimidad” fue más declarativa que real. Y el argumento del calor, aunque válido, suena oportunista: ¿por qué no se adelantaron las vacaciones en años anteriores con olas de calor similares?
LO PEOR
Lo peor es el mensaje simbólico: ¿el futbol vale más que la educación? Priorizar un espectáculo deportivo sobre el derecho constitucional a la enseñanza envía un mensaje devastador a las nuevas generaciones. Es una decisión que revela, con crudeza, las prioridades del Gobierno federal. Aquí va el balance sin eufemismos. Cuando un gobierno sacrifica el calendario escolar para que el país “viva el Mundial”, está admitiendo que el entretenimiento colectivo pesa más que el futuro individual de millones de estudiantes. La educación no se recupera con “reforzamiento” en agosto ni con clases en línea improvisadas. Se pierde para siempre. Si México quiere ser sede digna del Mundial, que lo sea sin cobrarle la cuenta a los niños. Porque un país que antepone el balón al pizarrón no gana trofeos; solo hereda rezagos.